jueves, 23 de agosto de 2018

Retazos de "La tentación del fracaso"


Diciembre

Hay días en lo único que pido es que por amor de Dios no me vaya a doler la úlcera. Ya no pido encontrar buenas noticias en los diarios o en las cartas que recibo o poder escribir algo honorable, ni siquiera recibir dinero de algún lugar, sólo que se me ahorre ese dolor tenaz, renovado, artero, que en el metro, en la oficina, en la casa o en la calle con amigos, me demacra en pocos segundos y me deprime moralmente hasta la misantropía. Ese dolor, sin embrago, me autoriza a meditar una vez más sobre las enseñanzas del dolor físico y sus efectos, filosóficos y morales. El dolor físico es el gran regulador de nuestras pasiones y ambiciones. Su presencia neutraliza de inmediato todo otro deseo que no sea la desaparición del dolor. Esa vida que nos recusamos por que nos parece chata, injusta, mediocre o absurda cobra de inmediato un valor inapreciable: la aceptamos en bloque, con todos sus defectos, con tal de que se nos dé sin su forma de vileza más baja que es el dolor. Porque éste recuerda nuestra más miserable condición animal: la del perro atropellado, la de la res en manos del matarife. Sólo cuando se va el dolor nos volvemos exigentes y empezamos a encontrarle peros a la vida. Pero el dolor regresa.

TESTIMONIO

Escribo estas palabras Como una declaración personal, Sin motivo ni por algún día en especial Ni por algún acontecimiento en que vivimos, So...